Dedicado a JMF un hombre auténtico

Con los años uno se vuelve melancólico y revisa sus viejos escritos.

Aquí va uno del 2015.

Antes de irnos al Mundial de Wushu de Jakarta (Indonesia).

José Manuel Ferreira Colmenero, la persona con la que más tiempo he pasado en los últimos años. Hasta mi antigua novia protestaba por ello. ¿Es un dato curioso? ¿O es algo natural?

La espada se forja en el calor y se templa en el agua.

Demasiado fuego, la espada se rompe.

Solo agua, la espada no se forja

No es el calor lo que forja sino el golpe en el yunque. Y Pepe yo nos partimos la cara a golpes en estos años. Física y mentalmente. En cada maldito entrenamiento había algún tipo de debate.

¿No podríamos dedicarnos simplemente a entrenar José? (¡Cuándo se callará este tio!)

Así era Pepe, incansable en la búsqueda de respuestas, siempre dispuesto a innovar. Un fajador de mis comentarios más mordaces. Nos hemos pinchado hasta sangrar. Lo hemos hecho por una razón. La confianza absoluta de que a más lejos llegues tú, más lejos llegamos los dos. En cada entrenamiento, lo perfecto nunca era suficiente. Y lo imperfecto, motivo del mayor escarnio.

Nos hicimos fuertes en ese tiempo, recuerdo. No era facil convivir con la máxima exigencia. Triple sesión, 7,00-14,30-22,00. Un dejá-vu constante. Nuestras músicas como mantras para arrancar los motores y humores en las peores condiciones.

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Siendo Son Goku ¿Quién lo podía parar?

Todo empezó un lejano día allá por el 2006 donde me crucé con José Manuel en Ourense, un internacional, mi primer campeonato grande. Un chaval risueño salido de los comics de Son Goku se plantó ante mi.

¡Hola soy José Manuel y soy Campeón de España!.

– Encantado, yo soy un manojo de nervios. 

Luego vinieron más campeonatos, nos tocó en la misma habitación, aguantó mis ronquidos, ganó el campeonato y ahí se forjó nuestro binomio para los siguientes años donde recorreríamos muchas latitudes.

 

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En nuestro último mes de concentración

Si algún día Pepe me preguntase por qué sigo confiando en él. Le diré que fue el único que siempre me trató igual desde el comienzo hasta hoy. Eso habla de su nobleza. Él no quería un colega bueno en Wushu. Quería un amigo. Y por supuesto, lo tuvo y lo tendrá: Hasta que se le ocurra quejarse por mi manera de roncar 😉

Pero Ferreira no es sólo su apellido. Es su familia, son mis padres y hermana en el wushu, me cuidan, me miman, se preocupan y saben cuál es su lugar en cada momento. Ellos son la oficina de apoyo al rendimiento que cualquier deportista del COE desearía. Especial dedicación a Celia Colmenero quien se desvive por que sus “niños” siempre sean los más “Guapos” del campeonato a base de un cariño y saber hacer en todos sus bordados.

No se trata de la vida que hace uno, sino de los momentos que comparte con las personas que te quieren.

Gracias José Manuel.

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Pasarán los años y seguirá sin usar el calzador que le regalé para no perder tiempo…

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