Buscando límites

Os he contado que todos necesitamos una dirección a dónde ir, nuestros objetivos y nuestra visión. Pero no menos importante es conocer la maquinaria de la que disponemos (en este caso, nosotros mismos) y en qué estado estamos.

Para conocerme un poquito mejor y entrenar desde la razón, esta semana me he enfrentado a test máximos que me permitirán escoger la intensidad adecuada para cada uno de los entrenamientos venideros.

Muchas veces, la pereza que nos da ese test  inicial nos incita a comenzar a entrenar seriamente sin hacerlo. Gran error. La relación coste-beneficio del proceso es muy favorable para nuestros objetivos.

Pensad por un segundo: me decido a entrenar con 150kg en sentadilla para mejorar mi fuerza máxima del tren inferior, pero si a tales momentos ese es mi máximo y entreno ya sobre él, estoy perdiendo la posibilidad de entrenar a porcentajes más bajos que me entrenan igual y mantienen ese margen de mejora. Con esto quiero decir que no podemos quemar nuestras propias etapas, sino estaremos avocados a estancarnos a la primera de cambio, ya que nuestro cuerpo sufre procesos de adaptación a diferentes velocidades y debemos respetarlos.

En este caso no sólo he testado la fuerza máxima, explosiva y la resistencia. Desde el comienzo de los entrenamientos he medido mi composición corporal y estado psicológico, a través de otros testajes que os iré enseñando a lo largo de este tiempo. Mientras tanto os dejo un pequeño resumen.

Para daros una interpretación fácil: a tales momentos estoy en un estado de forma muy básico, flojo en algunos datos como el salto vertical, que se relaciona mucho con el estado de forma. En cuanto al peso, no es problema, sino la proporción entre grasa-músculo que está ligeramente más alta de lo que estará a medida que me vaya acercando al estado de forma.

Algunos os preguntaréis, ¿para qué necesita saber la velocidad aeróbica?. Para este mes de agosto es fundamental, os lo contaré en próximas entradas, prometido.

Nosce te ipsum

La temporada pasada tuve un problema con mi tobillo derecho que me hizo conocerme más a mi mismo. No fue una lesión tal y como solemos pensar en ellas. En este caso se trató de un mal golpeo jugando un día de relax con mis amigos del equipo universitario Cremas FS. Curiosamente, todas las dolencias que he tenido han venido siempre por otros deportes, lo cual habla del grado de especialización al que, tras años, uno acaba sometido.

Un deportista y, más aún, un deportista-entrenador debe conocer todos los factores que pueden influir en en el rendimiento de su atleta. Debe tener en cuenta aquello que ya le pasó para evitarlo o minimizarlo. A veces una roca en el camino puede hacernos tomar impulso y saltarla. Pero otras veces nos obliga a reenfocar aquello que veíamos haciendo para encontrar otro camino. El reenfoque constante de todo buen plan, para llegar a su destino.

Desde noviembre de 2011 arrastro esta «herida» por un mal posicionamiento de los huesos del pie. Gracias a esta «lesión» he incrementado el equipo de especialistas con los que trabajo para solventar problemas e incrementar mi rendimiento.

En las próximas semanas os iré presentando a todos y cada uno de esos profesionales que, sin duda, hacen posibles muchos de los sueños de la vida de todo deportista. Por descargar a tiempo una musculatura llevada al límite, por mejorar la forma en la que caminas y corres por la vida y el tapiz, por escucharte y comprender que tus sueños se pueden hacer realidad si suman un poco de su energía a tu proyecto.

Por todos ellos, ¡gracias!

No os impacientéis, los iréis conociendo.

88 días para entrenar

Curioso, tener los mismos días para prepararte que el año que naciste.  Algunos pensaréis: son demasiados días. Otros todo lo contrario.

No es más que el tiempo que tuve desde que conocí la posibilidad de asistir los «Rimini International University Wushu Championships»Es un gran salto en mi carrera deportiva que no se puede dejar escapar. La experiencia de dar lo mejor de ti mismo en un campeonato de ese nivel… ¡ya me da ganas de no dormir! 

Pero no nos podemos perder en alegrías. Hay que ir a lo pertinente. Dicho de otro modo, hay que ponerse a entrenar. Con unos objetivos muy claros y un plan basado en la ciencia y en la experiencia acumulada en todos estos años de entrenamiento para competiciones de todo tipo.

Entre comillas, lo fácil para mi siempre fue estar a tope en el apartado físico. Es uno de mis puntos fuertes. Pero la competición de Rímini va a exigirme cosas en las que no he competido jamás y que me motivan en un extremo supremo. Formas de competición obligatorias.

Todo el mundo podrá elegir 3 rutinas (mano vacía, arma corta y arma larga) de primera o segunda generación, es decir, formas iguales para todos. Así se podrá distinguir al mejor competidor de una forma mucho más equilibrada. Algo así como el espíritu de la GP2, en la que todos los pilotos corren con el mismo coche, demostrando quién es el más habilidoso.

Dicho esto, es necesario conocer a dónde uno quiere llegar, para trazar el mejor camino. Que no siempre es el más recto. Un avión pasa fuera de rumbo más del 90% del tiempo, en cambio termina por llegar a su destino. Eso es gracias al piloto automático: nuestros objetivos, mis objetivos para el campeonato, de cada mes, de cada semana y cada sesión de entrenamiento diario.

No es sólo físico, no es sólo técnico, es alcanzar un estado de preparación total. Convertirse en pura competición, ser el propio objetivo.

Aquí os dejo, de forma esquemática, las bases del plan de entrenamiento. En los próximos post veremos cuándo, cuánto y por qué.